La cafetería escondida donde el café sabe a que alguien sí le importa

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Los de la Olla, hoy toca hablar de un lugar tan chico que se pasa de largo si no se sabe que existe.

Cómo la encontré

Iba camino a otra cosa y me detuvo el olor. Nada de eso de «aroma que invita a entrar», literal, olía tan bien desde la vereda que crucé la calle sin pensarlo. Café Marea, se llama, cinco mesas adentro y dos en la puerta.

Lo que pedí

Un flat white y un alfajor de maicena hecho ahí mismo. El café llegó con una espuma pareja, sin esos grumos que delatan una máquina mal calibrada, y el barista se tomó el tiempo de preguntarme si lo quería más fuerte antes de servirlo, no después de que me quejara.

Tip de cocina: en casa, si su espuma de leche siempre sale con burbujas grandes en vez de fina y cremosa, prueben calentando la leche a menos temperatura y batiendo con movimientos más cortos y rápidos al principio.

El detalle del alfajor

El relleno de manjar no estaba tan dulce como el de la mayoría, algo que se agradece cuando uno ya viene de tomar café. Pregunté si lo hacían ahí y la chica del mostrador me llevó casi hasta la cocina para mostrarme la olla donde lo cocinan a fuego lento, «para que no se pegue ni se queme, toma su tiempo».

Lo único que le falta

El espacio es pequeño de verdad, si llegan más de seis personas juntas van a tener que esperar parados. No es un defecto grave, solo algo a tener en cuenta si van en grupo.

Cierre: Puntuación Entre Ollas y Salsa.

Café Marea se lleva 4 de 5 cucharas. Pierde un punto por el espacio tan reducido, pero gana todo lo demás por el café bien hecho, el alfajor casero y ese trato de quien de verdad quiere que uno vuelva. Los de la Olla, ¿tienen alguna cafetería de barrio así de escondida? Cuéntenme, que siempre ando en busca de la próxima taza.

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