Los de la Olla, esta sección existe para que no gasten de más sin saber en qué. Hoy le tocó al ají amarillo envasado, ese que compramos cuando no hay tiempo de conseguirlo fresco. Compré dos marcas, una premium y una económica, y las probé lado a lado sin decirle a nadie en casa cuál era cuál.
Las reglas del experimento
Nada de trampas: mismo día, mismo pan como neutralizador entre pruebas, misma temperatura ambiente. Probé cada pasta sola, después cada una en una salsa básica de ají, ajo, aceite y sal, y por último en un ají de gallina completo.
Ronda 1: la pasta sola
La marca económica tiene un color más pálido, casi anaranjado suave, y un sabor que se siente diluido, como si le hubieran agregado agua para rendir más. La premium llega con un color más intenso y un picor que se nota apenas se prueba, sin necesitar cantidad extra.
Tip de cocina: si su ají de frasco sabe «plano», corríjalo con un chorrito de aceite y una pizca de comino antes de usarlo en la receta. No arregla todo, pero ayuda.
Ronda 2: en salsa
Acá la diferencia se achica bastante. Con ajo, aceite y sal, ambas pastas terminan sabiendo parecido, porque el resto de ingredientes cubre las carencias de la más económica.
Ronda 3: el ají de gallina completo
Con pan remojado en leche, nueces, queso y pollo deshilachado de por medio, la diferencia entre las dos marcas casi desaparece. Nadie en mi mesa adivinó cuál era cuál a ciegas.
Tip de cocina: en recetas con muchos ingredientes que aportan cuerpo, como el ají de gallina, el ají de frasco económico rinde perfectamente bien. Guarde el premium para platos donde el ají es el único protagonista, como una salsa criolla picante o un tiradito.
El veredicto
Depende de qué esté cocinando. Si el ají va a ser la estrella del plato, sin nada que lo tape, vale la pena pagar por la marca premium: se nota en boca desde la primera cucharada. Pero si lo va a meter en una receta con muchos sabores compitiendo, como el ají de gallina o un arroz con pollo, ahorre tranquilamente con la económica, porque ahí nadie va a notar la diferencia. Los de la Olla, ese dinero que se ahorren, cómprense algo bonito. O mejor, más ají.

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