País invitado: Italia
Los de la Olla, pongan la olla a fuego lento, porque esta historia empieza con un mensaje de WhatsApp a las once de la noche: «¿hacemos algo juntas?». Del otro lado, Chiara, una chef italiana que conocí por redes hace un año y que colecciona pasta casera con la misma obsesión con la que yo colecciono ajíes. Dijimos que sí antes de pensarlo dos veces, que es como se hacen las mejores cosas en esta cocina.
Así nació la primera Cuchara Viajera con Italia de país invitado: dos cocinas, dos acentos, un mismo mantel.
El plan (que casi se cae dos veces)
La idea era simple en el papel: ella traía sus arancini, yo mi causa limeña, y a mitad de la grabación intercambiábamos técnicas. En la práctica, casi se cae dos veces. Primero porque la palta que compré estaba dura como piedra, por comprarla el mismo día como toda apurada. Segundo porque Chiara descubrió el ají amarillo a media sesión y quiso metérselo a todo, incluido el risotto. No la culpo.
Tip de cocina: si vas a hacer causa y la palta no está en su punto, macháquela con un poco de leche evaporada. Se suaviza la textura y nadie nota el atajo.
Lo que Italia le enseñó a mi olla
Chiara trabaja el arroz distinto a como me enseñaron a mí: lo tuesta antes de mojarlo, sin miedo a que se pegue un poco al fondo. Esa base tostada es lo que le da profundidad al risotto. Lo probé después en mi propio arroz con pollo y el resultado cambió por completo.
Tip de cocina: tostar el arroz en mantequilla o aceite un par de minutos antes de agregar el líquido funciona para casi cualquier receta de arroz, no solo para el risotto.
Lo que mi olla le enseñó a Italia
A cambio, le mostré algo que en Perú damos por hecho: la salsa criolla. Cebolla cortada en pluma finita, con limón, ají y un poco de sal, reposando mientras se cocina todo lo demás. Chiara terminó poniéndosela a sus arancini, algo que jamás había visto en Roma y que, según ella, «debería estar prohibido lo rica que quedó».
El plato que nació esa tarde
Terminamos con algo que ninguna de las dos había hecho antes: arancini rellenos de ají de gallina, fritos y bañados con una gotita de salsa criolla encima. No estaba en el plan. Salió porque a Chiara se le ocurrió meter la mano en mi olla cuando yo no miraba, y fue lo mejor de la tarde.
Intercambio de cocinas
Esto es lo que más me gusta de Cuchara Viajera: no se trata de decidir qué cocina gana. Es sentarse con alguien que aprendió a cocinar en otro idioma y descubrir que, al final, todas estamos resolviendo el mismo problema con las herramientas que nos tocaron. Italia se fue de mi cocina con salsa criolla en la maleta. Yo me quedé con la manía de tostar el arroz. Los de la Olla, cuéntenme: ¿con qué país les gustaría que hiciéramos la próxima colaboración? Se las leo todas.

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